Recuerdos de una Época
Eduardo Villar
Circuitos

CIRCUITO DE ALCAÑIZ

Una verdadera fiesta

A primeros de septiembre, Alcañiz se vestía de circuito urbano, convertía su calle principal en la recta de salida y meta, y toda la ciudad se volcaba con aires de fiesta en el gran acontecimiento deportivo anual organizado por el Automóvil Club Circuito Guadalope: el Premio Ciudad de Alcañiz.

Porque la Villa se convertía en eso, una auténtica fiesta, un fin de semana que reunía a la afición española del automovilismo con el espectaculo de sus carreras, dividido en varias mangas: la Copa Renault 8TS; el Campeonato de España de Velocidad Grupo 1; el mismo en su versión Grupo 2; y la más divertida e interesante para los participantes riojanos: la reservada a pilotos pertenecientes a la Federación Aragonesa de Automovilismo, reunidos en todos los grupos y clases; un conjunto espectacular y variopinto en que podían compartír pista una potente barqueta de montaña con un Seat 600.

Primera temporada

Participé por primera vez con el Seat Sport Coupe 1600 y guardo de aquella carrera muy buenos y malos recuerdos. Con un aceptable 5º puesto en la parrilla, me arruinó la salida el Mini que tenía delante, que se quedó clavado y me obligó a frenar y adelantarle por el escaso espacio que quedaba entre él y la valla, tan justo que no creo que sobraran ni dos centímetros a cada lado. Tras las primeras vueltas, ya me había colocado segundo e iba acosando al primero (que resultó el vencedor de la carrera), al que adelanté en la zona rápida del río.

Mi ritmo era superior, cuando perdí velocidad y el motor sonaba con un carraspeo que me hizo sospechar en un fallo de bujía, el clásico "tres cilindros". Tan concentrado en la carrera, pensé que tal vez fuera algo pasajero, una bujía engrasada, y a lo mejor se corregía, si seguía rodando... Es muy difícil pensar de otro modo cuando ves una posibilidad de ganar. Fue al embocar la recta de tribuna, cuando me percaté de la luz del aceite encendida: tenía que parar ya, no era bujía, ¡era biela fundida! Tarde, demasiado tarde, una explosión y allí me quedé, casi en el mismo punto de salida, pero con una biela asomando por un costado del bloque.

Fue el fin de la carrera y de mi etapa con el Seat Sport Coupe 1600 (se lo vendí semanas después a un aficionado de Vitoria), el coche al que mejor me acoplé, con el que más me divertí y obtuve, relativamente, mejores resultados.

No tengo imágenes de mis participaciones en Alcañiz, pero he localizado este vídeo en YouTube, "Años que no volverán", una sucesión de fotos cargadas de recuerdos y nostalgias, editado por Calos Repollés, hijo del dotor Repollés, el creador y promotor del circuito Guadalope.

Segunda temporada

Estreno en circuito del Seat 1430 Gpo.5, un estreno tan breve como nefasto. En la tercera vuelta de entrenamientos y clasificación, me acerqué demasiado a la valla derecha de La Monegal, y lo que creí que iba a ser un simple roce, se convirtió en golpe de la rueda y rotura de dirección que me lanzó, directo e indefenso, contra la valla contraria. Final de carrera sin haberla empezado.

Una pena (siempre es una pena), porque, en tan solo dos vueltas y sin forzar, había marcado un tiempo que, posiblemente, me habría permitido luchar por la victoria.

Tercera temporada

De nuevo con el 1430, que ya había sufrido la reparación y acoplamiento de una nueva trasera después del accidente de Badostáin.

El sábado, en las últimas vueltas de entrenamientos, empezó a darme tirones, provocados por un fallo de carburación. Pepe, de talleres Petir, como siempre al pie del cañón para prestarnos asistencia, lo revisó por la noche y el fallo parecía corregido. Pero después de una buena salida, en la misma recta, resurgió el problema: el coche iba bien, pero, al exigirle durante un tiempo el máximo de aceleración, el motor sufría un bajón de vueltas, para volver a recuperarse segundos después, un efecto provocado, sin duda, por un fallo de alimentación que me tuvo toda la carrera a tirones, sin ninguna posibilidad, corriendo prácticamente solo y a mi aire, entrando en boxes en un par de ocasiones para echarle un vistazo al carburador, unas vueltas que parecían más un test de mecánica que una carrera seria. Antes del final me retiré, aburrido de luchar contra lo imposible.

La maldición de los circuitos

Me gustó el Jarama, un verdadero circuito; y me gustó Alcañiz, menos seguro, pero con todos los atractivos de un circuito urbano y el tono festivo de su ambiente. Sí, en general, me gustaron los circuitos, y mucho. Sin embargo, sufrí en ellos una especie de maldición que me impidió ver la bandera a cuadros en las cuatro veces que participé.